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| Puertas ROPER se lleva la Copa Presidente.. | ||
| A dar la sorpresa en la Jornada 20.. | ||
| Resumen de la Jornad.. | ||
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| LA NOVIA DEL OJANCANO | |
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| Todos los días una bella mozuca cuidaba su rebaño de ovejas en la cotera, donde el viento corre puro y la hierba parece un verde tapete en la montaña. Sin que ella se diese cuenta, un ojancano iba todas las tardes a verla sin faltar a la cita. Tan enamorado estaba que su cara rebosaba tristeza por no tener el amor de la joven. Un día la joven, sedienta, fue a beber a una fuente cercana, la cual manaba cristalina y fresca. Este manantial se encontraba a los pies de una peña, de donde sin más dilación apareció el ojancano para admirar la belleza de la moza en silencio. Esta se dio cuenta y salio corriendo, pidiendo auxilio a otros pastores que se encontraban cerca. El ojancano, como no, se entristecía mas y mas por no poder conquistar a su dama. Unos días después, después de superar el susto, la pastora encendía una lumbre cerca de la cotera para calentarse. Para encender utilizaba escajos secos y pequeñas ramas de un bosque cercano. Pero cada vez que había un atisbo de llama, esta se apagaba de una ventolada, que por casualidad salía de un espinar cercano. Por más que la mozuca lo intentaba, más constante era ese extraño viento que solo | |
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parecía llegar en el momento de encender. Esta circunstancia la extraño, de manera que echo un vistazo por sus alrededores. De repente volvió a ver al mismo ojancano encima de la peña, justo donde le había divisado con anterioridad. Como no, la bestia seguía con caruca de pena, aumentando por momentos los suspiros y la angustia que sentía por el amor hacia aquella muchacha. En cambio esta salio corriendo de nuevo llamando a los pastores y muy asustada. Pasaron unos días hasta que la joven volvió a ir por la cotera. Esta vez pensó que seria bueno el coger un coloño de leña para calentarse en su humilde morada. Mucho más tranquila por no haber visto a la increíble bestia, tomó la cambera de regreso a su cabañuca. Después de unos metros, el camino se volvía cada vez más resbaladizo, haciendo tambalear en un par de ocasiones a la cargada muchacha. Al instante de ocurrir esto se dio cuenta de que no llevaba peso alguno, como si le hubiesen quitado el coloño de las espaldas. De nuevo, aquel ojancano la había tomado con ella, esta vez quitándole el coloño y llevándolo como si fuese un palo. La moza, asustadísima, se |
| dispuso a llamar de nuevo a los pastores que por allí rondaban, pero decidió a última hora el no hacerlo. Nunca es ser la había atacado, cosa que la dio que pensar. Aún aterrada, bajo sin mediar palabra, mientras el ojancano la seguía con el coloño en su mano. Al llegar a las afueras del puebluco, el triste y deprimido ser deposito de nuevo la leña en la cabeza de la muchacha, retomando el camino de vuelta al monte. Sin darse apenas cuenta, pasaron los días y el ojancano seguía rondando a la pastora, la cual cogía confianza a medida que veía que la bestia no era violenta con ella. Ya con la primavera cerca, los dos pasaban casi todo el día juntos. Cabe destacar que el ojancano cuando estaba solo seguía haciendo las maldades de siempre, pero cuando estaba con su amada era bueno y bondadoso: Cortaba leña para la muchacha, la ayudaba con las ovejas, hacia una peña para resguardarse de la lluvia. Los demás pastores estaban totalmente incrédulos con las buenas migas entre la mozuca y el ojancano. Esta amistadas la hicieron conocida en los 9 valles, llegando a llamarla la novia del ojancano por las gentes del lugar. Este calificativo la hizo ganarse mala fama y los mozos y mozas la aborrecían hasta el punto de no querer saber nada de ella. La muchacha, en vez de hacer caso a las habladurías, cada vez se sentía más apegada al ojancano. Toda la maravillosa historia se trunco un día que la pastora no subió al monte. El triste y apenado ojancano no paró de buscarlas por todos los sitiucos de la cotera. Incluso mandó a un cuervo volar en círculos por todo el valle para ver si aparecía con el rebaño. El ave estuvo toda la mañana busca que te busca sin obtener resultados. Se poso el la nariz del ojancano para así comunicárselo, motivo por el cual la bestia se apenaba a la vez que se enfurecía. Pasaron varios días con el mismo resultado. La furia del ojancano era ya desmedida: destrozaba todo a su paso, llenaba los caminos de piedras, tapaba las fuentes con enormes rocas y hacia muchísimas más maldades que anteriormente. Una tarde detuvo a un pastor que se recogía y le pregunto por la muchacha. El joven, aterecido de miedo, le dijo toda la verdad. Al parecer ser, la mozuca había sido retenida por sus padres por la amistad que había entablado con la bestia. El ojancano dejo marchar al pastor, preparando su venganza para esa noche. Al amanecer, todas las huertas, panojales, frutales y demás, habían sido arrasados y destrozados. No quedaba nada en pie, con lo que la cosecha era un autentico desastre. Además, cuando el cura fue a tocar dar misa, las campanas habían desaparecido. Lo mismo le ocurrió al herrero con el yunque y al medico con su carro de caballos. Era desoladora la imagen de los caballos muertos y el carricoche destrozado. Los destrozos y maldades eran de una magnitud inimaginables. De hecho estas fechorías también llegaron hasta la casa de la moza. El ojancano rompió el carro y el horno de los padres de la pastora. Mientras los vecinos intentaban arreglar todo por el día, al ojancano le hacían falta tan solo unos minutos para acabar con ello. Al llegar al invierno la gente del puebluco se encontraba sin cosecha, sin hierba para las vacas y sin maíz para llevar al molino, también roto. Una mañana muy temprano, en vista que ese pueblo jamás volvería a levantar la cabeza, todos los vecinos cogieron sus enseres y se marcharon a un lugar mejor. Las casucas, las huertas, los panojales, todo había sido arrasado por la bestia enamorada. Pasaron los años y el puebluco comenzó a llenarse de zarzales, de matojos y de árboles, quedando totalmente abandonado y destruido por la maleza. Así que ya sabéis, si os encontráis alguna aldea así en los montes de Cantabria, pensad que quedó así por el desamor de un fiero ojancano al que no dejaron conquistar el corazón de una pastora. | |
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| EL TESORO Y LOS DUENDES | |
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| Érase una vez una bella mozuca que muy alegre se dirigía al cercano manantial de la cotera. El agua allí era fresca y cristalina, y no existía caño que diese mejor manjar. Cuando la muchacha acabo de llenar el cántaro comenzó el camino de regreso a su casa. Poco después, y para su sorpresa, el recipiente comenzó a moverse de un lado para otro. Asustada, poso el cántaro en el suelo sin saber que ocurría. Del mismo modo el cántaro se movía y movía igual que una peonza poco antes de parar. Una vocecilla aguda que de allí salía le decía algo tal que así:"Debajo de la fuente hay un gran tesoro hecho de plata y oro... ". A la mente de la joven vinieron antiguas leyendas que decían que de vez en cuando en los chorros de las fuentes manaban pequeños duendecillos que rompen los cantaros y hacen infinidad de travesuras. Otras veces estos seres avisan de donde se encuentran tesoros o minas de riqueza sin igual. De estos duendes también se cree que tienen un tamaño diminuto y que habitan en los manantiales y regatos. El cántico que supuestamente entonaba seguía sonando sin parar: "Debajo de la fuente hay un gran tesoro hecho de plata y oro... ". La mozuca no sabía muy bien que hacer, decidiendo al fin derramar el contenido en la fuente, ya que se dice que si te tragas uno de estos seres te vuelves loco y travieso al instante. Al llegar a su humilde morada no dudo en contárselo a su padre, el cual se quedo igual de perplejo que su hija. Cuando vieron que en el | |
| puebluco no quedo nadie, salieron con un candil hacia el misterioso manantial. Llevaron consigo dos picachones para facilitarles el trabajo. Al llegar se dieron cuenta que justo allí había una enorme piedra donde se suponía que debía de estar el maravilloso tesoro. Por mucho que lo intentaron, tuvieron que desistir, ya que la roca era descomunalmente grande. Durante 4 o 5 noches se dejaron caer por el lugar, con el mismo resultado. Al ver esto el padre subió al monte para ver si veía a un ojancano que se decía poblaba aquellos hayales. Al dar con él le propuso un trato, el cual consistía en que si le ayudaba a quitar la roca le daría a su bella hija. El descomunal ojancano acepto, bajando esa misma noche a ayudar al avaricioso padre. Con un gran esfuerzo el ojancano fue capaz de quitar aquella peña, la cual albergaba en su interior decenas de arcas llenas de sortijas y barras de oro. El hombre saco todo lo que pudo de allí y se lo dio a la bestia para que se lo bajase hasta su casa. El ojancano ya había cumplido, así que el padre debía de cederle a su hija. A modo de engaño le dijo a la misma que había | ![]() |
| conseguido mover la piedra y que subiesen los dos hasta allí para recoger todo el oro y la plata. El astuto ojancano se escondió hábilmente esperando una seña del padre, a la cual respondería con capturar a la mozuca. Poco antes de llegar a la fuente, padre e hija se encontraron con un chiquilluco que lloraba desconsoladamente. La joven le pregunto que le ocurría, respondiendo el niño que había perdido un corderuco del rebaño y llevaba mucho tiempo sin encontrarle. Justo en este instante se sintió balar al cordero y tanto el niño como la muchacha salieron corriendo a ver donde estaba. Al verle el extraño mozuco le dijo a la joven: "Corre, corre sin parar, porque tu padre te quiere engañar". Al decir esto el extraviado cordero se convirtió en un bello corcel al que subieron rápidamente los dos. El ojancano, al ver esto detrás de un matorral, salio corriendo detrás del caballo, pero fue lo suficientemente veloz para alcanzarlos. Cuando recorrieron una distancia lo suficientemente prudente para poder parar, bajaron del animal, pronunciando el crío estas palabras:" Soy un duende del monte. La otra tarde vi a tu padre pactar con el ojancano que si este lograba sacar el tesoro te entregaría para él". Después de decirle estas palabras, el duende de convirtió en un viejo regordete y pequeñín, con unas barbas blancas como la nieve y muy largas. El caballo se convirtió de nuevo en cordero y, posteriormente, en un lobo, justo después de que el viejuco le diese un toque con su bastón. Dice la leyenda que los duendes del bosque van siempre acompañados de lobos que se pueden convertir en caballos, corderos, pájaros, etc. La muchacha por su parte estaba aterrorizada y decidió quedarse con el duende una temporada en su hogar. A este se accedía a través de un agujeruco en un roble, siendo la cavidad muy confortable. A los pocos días ambos se encontraban dormitando cuando la joven escucho unos golpes en el viejo tronco…¡ Era el ojancano que les había encontrado !. Junto a él estaba el padre de la mozuca, ansioso por saldar su deuda. En aquel mismo instante el duende golpeo la frente de la joven con su bastón y la convirtió en oruga. Lo mismo hizo con su fiel lobo y consigo mismo. Un segundo después de hacer esto el padre y el ojancano consiguieron acceder a la cueva, saliendo las "orugas" sin llamar la atención y sin problema alguno. Pero el duende para despistarles se introdujo debajo de la tierra imitando la voz de un hombre y una mujer. Así el ojancano pensaría que estaban más abajo incluso. El feroz ser comenzó a escarbar un agujero enorme todavía más profundo, pensando que debajo de la cueva había otra donde se guarecía su trofeo. Después de un rato el agujero era de dimensiones desproporcionadas, encontrándose dentro de él los dos perseguidores, padre y ojancano. Cuando vio esto el duende, se volvió a transformar en viejo bardudo. Se asomo a la gran boca del hoyo y comenzó a reírse con todas sus fuerzas. Desde el fondo miraban incrédulos tanto el ojancano como el padre. Con un sutil golpe de bastón en su frente, el viejuco se convirtió en un gigante de manos de gran tamaño. Mientras se seguía riendo, comenzó a echar la tierra encima del hoyo, sepultando al avaricioso padre y al feroz ojancano. De este modo la mozuca, que no tenía mal alguno, pudo vivir tranquila sin su malvado padre y sin el ojancano. | |
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| LA VARA MILAGROSA | |
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| Hace muchos años una bella mozuca iba monte arriba por una estrecha cambera. El viento iba en aumento a medida que subía hacia la cotera, agitando su larga melena con alegre compás. Al llegar al lo más alto oyó una voz tenue que desprendía tristeza y desesperación. Miró asustada por todas partes, pensando que podía ser algún pastor herido por el lobu o algún caminante. La voz cada vez preocupaba más y más a la mozuca, pero no veía nada por más que miraba. Por casualidad, justo cuando emprendía de nuevo el camino, se dio cuenta de que la voz salía de detrás de una piedra al lado de la cambera. Con un morrillo golpeo sobre la lastra y la voz se oyó cada vez más fuerte, como si el extraño susurro buscase la ayuda de la joven. En ese momento la moza se dio cuenta de que era la voz de un muchacho, el cual le dijo con tristeza que había sido capturado por un ojancano y le tenia preso en su cueva. La joven, apenada por la desgracia del mozuco, fue inmediatamente a la casa de una hechicera, situada justo al lado de | |
| la ermita del lugar. La hechicera, de nombre Pelegrina, era vieja pero conservaba aún la belleza de antaño, destacando sus grandes ojos negros. Además no tenía ni una sola arruga en su rostro. Cuando llego a la casuca la vio hilando en una rueca de oro al tiempo que de su boca salían bellas notas parecidas a las de un malvis. La moza contó con pelos y señales lo que el joven le había dicho sobre su situación. En ese instante Pelegrina se dirigió a una esquina de su choza y le dio a la muchacha una vara de fresno seco, todo esto ante la incredulidad de la joven. Con voz dulce, la hechicera le dijo que llamase de nuevo a la lastra del camino, pero en vez de hacerlo con un morrillo, esta vez lo hiciese con la vara.En el momento en que la joven se decidió a entrar, la vara comenzó a emitir una fuerte luz que la ayudo a ver el interior. Los impedimentos aumentaban medida que la moza avanzaba por el interior, ya que más adelante encontró un gran hoyo que la impedía avanzar más. De nuevo, y sin que la joven mediase palabra, la vara actuó escurriéndose entre sus dedos y alargándose tanto que cubría todo el hueco. Sin dejar de dar luz se ensancho tanto como un puentuco. En cuanto la moza paso, volvió a su estado anterior entre los dedos de la bella muchacha. Un poco más adelante, tras recorrer toda la cueva, oyó los mismos quejidos y lamentos que escucho allá el la | ![]() |
| cambera. En ese mismo momento la luz que emitía la vara se apago lentamente hasta sumirles en la oscuridad. A medida que la luz decrecía, el resplandor de un punto rojo un poco más adelante se hacia más intenso..! Era el ojancano! Junto a él estaba el muchacho desconsolado. La mozuca estaba asustadísima y no quería moverse de allí, pero la vara tiraba y tiraba de ella hacia delante, con tanta fuerza que la hizo aproximarse tan cerca del ojancano que podía notar su fuerte respiración. De este modo llego a la vera del muchacho y del horrible ser. Sin mediar motivo la rama se le escapo de entre los dedos y se convirtió en un cuervo que empezó a sobrevolar encima del ojancano. En ese instante este último se asustó por la presencia del ave y se levanto, circunstancia que aprovecho el cuervo para posarse sobre su nariz. Poco a poco se fue acercando a la oreja de la criatura y le susurro algo muy bajo, como hacia con sus compañeros los cuervos. El ojancano escuchaba atentamente la palabrería del animal, aprovechando este para, de un picotazo, arrancarle el pelo blanco que da vida a todo ojancano. En ese mismo instante, con un gran estruendo, cayó al suelo para nunca más levantarse. La vara convertida en cuervo les había ayudado a matarle. Además, en ese mismo momento, volvió a transformarse en rama y reanudo su misión dando una increíble luz. La mozuca se vio impotente al ver el precario aspecto del muchacho, ya que por las perrerías que el ojancano le había hecho, le era imposible casi ni andar. La vara se dio cuenta de esto y se convirtió en un hermoso corcel blanco de no mucha altura. Cabe destacar que el precioso caballo tenía dos orejucas a modo de luz, de manera que la claridad en todo el recorrido era inmensa. Los dos mozos salieron al galope hasta llegar a la choza de la hechicera. Cuando esta vio a los muchachos dejó de hilar en su vieja rueca y lo que era un veloz caballo volvió a convertirse en la varuca de fresno que fue. La hechicera estaba tan preocupada por las heridas del muchacho que se las curó con mucha dulzura y buen hacer. Después de hacer esto, les dijo a los jóvenes que esperasen un ratuco en la choza, ya que ella tenía que ir al monte a por su rebaño de ovejas. Cuando la mujer marchó, los muchachos miraban con ojos golosos todas las posesiones de la hechicera: Tenia una rueca de oro, la mesa se coral, platos de bellos dibujos…! Aquello era como un gran tesoro ¡ . La avaricia pudo más que la gratitud de aquella señora así que cargaron con todo lo que pudieron y echaron a correr. Viendo lo que la vara de fresno había hecho por ellos también decidieron llevársela. Después de haberse alejado un buen trozo, los jóvenes pararon para descansar, ya que el peso que llevaban era grande. Una fuente les esperaba con agua fresca para amainar su sed. En el momento en el que se disponían a beber, la vara se escapo de las manos de la moza para ir a parar al manantial. En ese mismo instante, al entrar en contacto con él, lo seco y no volvió jamás a manar. Asustados, siguieron monte abajo sin saber su corto e infortunado destino. Al terminar una de las inclinadas cuestas, la vara se escapo de manos de la muchacha y toco la mesa de coral y una silla que ambos llevaban en sus respectivas espaldas, convirtiéndolas en dos prominentes jorobas. La vara, después de castigarles por avariciosos, se convirtió en azor y se fue volando en dirección a la choza de la hechicera. | |
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| ¿ Qué paso con nuestros ojancanos ? |